26.2.11

Creí que el tiempo borraba las heridas o al menos, tenía la discreción de curarlas. Evidentemente, estaba equivocada. Desde que lo nuestro terminó, el mundo parece ser una esfera que gira para todos, menos para mí. Suelo perderme en las calles, en los rostros de las personas ajenas a mi dolor y no tengo porque mentirte, te busco en cada uno de los rasgos de ellos sin encontrar nisiquiera uno que se asemeje a tu hermosura divina resplandeciendo como un rayo de sol en la oscuridad. Comprender que debo dejarte ir, permitirte ser feliz al lado de otra mujer es mucho más complicado de lo que pensé, pero no justifico mis ganas de amarrarte a mí si lo único en lo que podes pensar es en volar, lejos de mí, del pasado y los recuerdos que algún día fueron nuestros. Es probable que nuestro tiempo haya terminado, o que sólo sea una pausa para dejar que nuestras almas se extrañen y necesiten mutuamente para volver a lo que eramos, a lo que creí que llegamos a ser. Es verdad, estoy sufriendo mucho pero creo que mi sacrificio vale la pena si significa lo mejor para vos. Mi corazón se quebranta cuando te siento tan lejos, hay un lugar enorme en mí por ocupar, y tu sombra me sigue a todos lados para recordarme que algún día fuiste mi todo, mi vida, mi aire y que hoy debo conformarme con el silencio de las palabras que ya no podes pronunciar. Alejarte de mí fue la labor más desgarradora y desoladora que jamás pude haber hecho. Pero sonrío con esa tristeza que siempre escondí entre la comisura de mis labios pensando que siempre me acompañarás en esta soledad.